Vió que los cabellos de la duquesa eran rubios, del mismo color que el rizo que estaba encerrado en el medallón.

Después preguntó quién era ó había sido el joyero del duque de Gandía.

Dijéronselo, y le buscó, y en secreto le preguntó, presentándole un brazalete, si lo había él fabricado.

—En efecto—dijo el platero—, este brazalete es una de las alhajas del aderezo completo que hice para el casamiento de la señora duquesa de Gandía.

—Pues devolved estos dos brazaletes á la duquesa—dijo Jerónimo, que comprendió que era el mejor medio de escapar, y dejando las dos joyas, salió de la tienda y se perdió.

El platero llevó al momento las joyas á la duquesa.

Al verlas doña Juana, tembló, palideció.

—¿Quién os ha dado esto?—le dijo.

—Un hombre á quien no conozco, que me ha encargado de hacer devolución de ello á vuecencia.

—Pero su nombre...