—El cocinero mayor del rey.
—¡El cocinero mayor!
—Sí, Francisco Martínez Montiño.
—¡De modo que ese hombre—dijo doña Clara—os ha dado padres y esposa!
—Sin quererlo y sin saberlo.
—¡Cómo!—dijo la duquesa—. ¿Montiño no conoce esta carta?
—No, señora.
—¿Pues no os la dió?
—Sí; sí, señora, pero dentro de un cofre cerrado.
—¿Y no pudo haber abierto ese cofre?