—No.

—Sin duda se referían á vuestras inteligencias con el duque de Lerma—dijo doña Clara.

—¿Creéis vos que fuese eso?

—¿Y cómo podría ser otra cosa?—dijo don Juan—. Mi padre ha guardado un profundo secreto: solamente yo he sabido por esta carta...

Y dió á la duquesa la carta del duque de Osuna que había encontrado en el cofre.

—Pero aquí vuestro padre no me nombra; os dice sólo, que por medio de un aderezo podréis reconocerme si yo quiero darme á conocer de vos.

—Ya veis, madre mía, que mi padre no ha podido ser más hidalgo.

—Sí, pero...

—No es posible que ese secreto...

—Sin embargo... ¿quién os ha dado esa carta?