—Dejo de ser camarera mayor.
—Meditad lo que hacéis—dijo el duque alarmado...—fuera vos de palacio, no podéis ayudarme á hacer el bien del reino.
—Estoy cansada, don Francisco... sufro mucho... lo que pasó anoche en palacio...
—¿Pero qué pasó anoche?
—Anoche... ¡pasaron tantas cosas...! el padre Aliaga estuvo en audiencia particular con sus majestades... don Francisco de Quevedo anduvo enredando por el alcázar...
—¡Ah! no enredará más. He dado orden de prenderle y en cuanto me avisen de haberle preso, le envío bien asegurado al alcázar de Segovia.
—Haríais muy mal—dijo alarmada la duquesa, que no se olvidaba un momento de que importaba á su hijo la libertad de Quevedo.
—¿Que haré mal en prender á un tan encarnizado enemigo mío? ¿Ignoráis lo que ha hecho don Francisco?
—De ningún modo.
—Nos ha hecho mucho daño.