—Su excelencia me da muchas todos los días, señora—contestó respetuosamente Santos.
—Una orden de... prisión.
—Efectivamente, señora: su excelencia me ha dado orden de que mande en su nombre á un alcalde de casa y corte, que prenda á...
—¿Don Francisco de Quevedo?
—Sí, señora.
—Don Francisco es caballero del hábito de Santiago y no puede ir á la cárcel—dijo doña Catalina.
—Se le prenderá en su casa.
—Don Francisco no tiene casa en Madrid... por ahora.
—Se le llevará á una torre del alcázar.
—Estaría demasiado cerca del rey.