—La torre de los Lujanes...
—Es demasiado honor para un simple caballero que le encierren donde ha estado encerrado un rey de Francia.
—Le llevaremos á un convento.
—Quevedo se serviría de los frailes.
—Consultaré, pues, á su excelencia.
—¿El duque no os ha indicado el lugar de la prisión de Quevedo?
—No, señora.
—Ha sido un olvido. Mandad al alcalde que le envíe resguardado por una guardia de cuatro hombres al alcázar de Segovia.
—Su excelencia no me ha dicho eso.
—Mejor... mucho mejor.