—En seguida... si es de día, que le metan en una litera y le lleven á una de mis casas desalquiladas... mi criado Rivera os llevará á ella...

—Muy bien, señora.

—Luego... cuando sea de noche y en la misma litera, que le saquen resguardado por cuatro alguaciles á caballo, para Segovia.

—¿Cuatro alguaciles no más? ¿y si se escapa?

—Que sean buenos los cuatro.

—Ahora bien; vuecencia comprenderá que sobre mí carga la responsabilidad del envío á Segovia de don Francisco.

—No importa: si el duque de Lerma os hace cargo, decidle que habíais entendido la orden de llevarle á Segovia.

—Su excelencia tiene muy buena memoria.

—Y bien: todo puede reducirse á que os despida, y á que si ahora sois secretario de mi padre, lo seáis después mío.

—¡Oh, noble condesa!