La litera echó á andar en aquellos momentos.
Poco después Quevedo, consecuente á su propósito y cansado y trasnochado, roncaba.
CAPÍTULO LXII
DE CÓMO EL DUQUE DE LERMA SE ENCONTRÓ MÁS DESORIENTADO QUE NUNCA
Don Francisco de Sandoval y Rojas atravesó las antecámaras de palacio en medio de los más profundos saludos y de las reverencias más profundas de los cortesanos.
Hasta allí todo iba bien: se le consideraba por los pretendientes, que son un barómetro, como señor omnipotente, en el pleno goce del favor del rey.
Los ujieres se mostraron con él, y del mismo modo, profundamente respetuosos.
Los gentileshombres le saludaron con sumo respeto.
Pero cuando entró en la cámara real, la encontró desierta.
El rey acostumbraba á estar siempre en la cámara cuando llegaba Lerma.