—¡Al momento!
—¡Al momento!
—Pues vete y manda extender las órdenes.
—¿Y te quedas aquí?
—Sí, no quiero asustarte desapareciendo delante de ti.
—Debe haber aquí alguna puerta secreta.
—Pues bien; ¿qué importa? bastante seguro te tengo. Mira.
El bufón se levantó, llegó al secreter de la derecha, oprimió un resorte y el secreter giró dejando descubierta una obscura entrada.
—Adiós, duque, adiós—dijo el bufón desapareciendo por ella—, y no te atrevas á desobedecerme.
El secreter volvió á girar.