El duque quedó aterrado.

Parecíale, ó mejor dicho, quería que le pareciese aquello un sueño.

Pasóse la mano por la frente, hizo un violento esfuerzo, se resignó y salió y abrió la primera puerta.

—Que entre Ledesma—dijo á uno de los oficiales.

Y se volvió al camarín y se puso á papelear para disimular su turbación.

Entró Ledesma.

—Sentáos—le dijo el duque—y tomad nota.

Ledesma se sentó.

—Levantamiento del destierro del conde de Lemos—dictó el duque; reposición en su oficio de ayo del príncipe de Asturias á don Baltasar de Zúñiga; reposición en su oficio de caballerizo mayor al conde de Olivares; nombramiento de confesor de su majestad la reina al reverendo padre fray Luis de Aliaga, y por último, reposición en su oficio de ayuda de cámara de su alteza el príncipe don Felipe, al duque de Uceda.

—Ya está, señor—dijo Ledesma.