—Ese hombre trabaja por su cuenta, es astuto, tenaz, y sabe aprovecharse de las debilidades, de los vicios, y aun de los crímenes de las personas que necesita.
—¿Pero cómo sabe el bufón del rey?...
—¿Que doña Ana os esperaba creyendo esperar al rey? Se lo ha dicho el cocinero de su majestad.
—Es necesario cerrar las bocas de esos dos hombres.
—Sí, es necesario que la lucha quede entre nosotros dos, es necesario destruir esas bajas personas intermedias, y ya que de nuestros rostros han caído los antifaces, entendámonos directamente, padre; solapemos esa lucha, que por vuestra imprudencia va haciéndose escandalosa, y convengámonos.
—¿Pero qué es lo que vos queréis?
—Padre y señor, yo quiero heredaros cuando sea tiempo.
—¿Y cuándo creéis que será tiempo?
—Cuando muera el rey.
—Su majestad es joven, y goza de muy buena salud.