—Y habéis hecho muy bien, porque os conviene tenerme por amigo.
—¿Que me conviene?
—Solo vos, no podríais defenderos de la multitud de hombres de valía que acechan el favor de su majestad; con vos yo, falta á esos hombres un aliado, y vos tenéis en mí unos ojos que todo lo ven, unos oídos que todo lo oyen. Puesto que os tengo cogido...
—¡Cogido!...
—Preso, y de tal modo, que no os podéis mover; voy á deciros las condiciones...
—¡Vos, condiciones á mí!
—Aquí no hay padre ni hijo; sólo hay el duque de Lerma, favorito del rey, y el duque de Uceda, favorito del príncipe de Asturias. Oíd, pues, las condiciones de avenimiento entre el duque de Lerma y el duque de Uceda.
—¡Oigamos!—dijo con sarcasmo Lerma.
—Me daréis una parte de lo que os produce el favor del rey.
—Disgustos, compromisos.