—Esperad: ¿no es vuestra amante la Dorotea, la hermosa comedianta?

—Sí.

—Pues por ahí tenéis cogido al bufón del rey.

—Aún queda el cocinero mayor, y éste es el tal, por lo que veo, que un secreto se le va con la misma facilidad que se escapa el agua de una cesta.

—Francisco Martínez Montiño es harto débil para que no le rompamos cuando sea menester.

—Aún todavía quedan otros enemigos, enemigos terribles que no son vuestros enemigos...

—¿Quiénes?

—El primero, la reina.

—¡Ah! ¡la reina! la tenemos segura... hay ciertas cartas que Calderón nos venderá...

—Os engañáis, esas cartas han desaparecido.