—Recobrando vuestro dinero, que de otra manera no recobraríais, y entorpeciendo con él las ruedas del carro de la justicia, á fin de que eche por otro camino.
—Pero... sepamos, sepámoslo todo: ¿cómo y dónde os han preso?
—En el camino de las Pozas, cuando íbamos sobre cuatro jumentos en busca de un caserío donde pasar la noche.
—Ibamos á Navalcarnero, esposo—dijo Luisa.
—¿Y no os han dicho nada?
—Nada más, sino que la justicia nos prendía.
—Pues bien; el duque de Lerma os prendió, porque yo se lo pedí al duque de Lerma, y el duque os soltará, porque yo le pediré que os suelte. A seguida, tú, Cristóbal, irás á casa del señor Gabriel y me devolverás mi dinero.
—En seguida.
—¡Oh! ¡qué alegría, madre!—exclamó la Inesilla—; ¿ya no os harán nada?
—Nada, hija mía.