—¿En mi casa?...

—Sí; si vuestro sobrino, es decir, si don Juan cuando os buscó os hubiera encontrado...

—¿Pero tengo yo la culpa de no haber estado en mi casa cuando llegó á Madrid ese caballero?

—Pero cuando os encontró, ¿por qué le dejásteis?...

—¿Cómo llevarle, joven y buen mozo en compañía de mi mujer y de mi hija?

—Que os han robado, y os han abandonado, y os han deshonrado...

—No; no, señor; eso creía yo... pero mi mujer me ama, mi mujer es honrada, y mi hija...

—Y si vuestra mujer es honrada, ¿por qué habéis matado al sargento mayor?

—¡Yo! ¡que he matado yo á don Juan de Guzmán!

—Pues si no le habéis matado, ¿por qué estáis preso?