—¡Ah, tío Manolillo! mucho y grave es lo que á mí me sucede—dijo compungido el cocinero mayor.

—Sois el rigor de las desdichas, Montiño, y por vuestra torpeza y vuestra cobardía hacéis esas desdichas mayores; y esa horrible codicia...

—Yo creía que veníais á otra cosa, tío Manolillo—dijo el cocinero—, y no á reñirme por desgracias que yo no he podido evitar.

—En efecto—contestó el bufón—, vengo á sacaros de aquí.

—¡A sacarme! ¡Ah! ¡Dios os bendiga, tío Manolillo! no esperaba tanto... pero vos sabéis que yo soy un hombre de bien, muy desgraciado, eso sí, pero que no he hecho mal á nadie.

—¿Que no habéis hecho mal á nadie? Vos tenéis la culpa de lo que está sucediendo desde hace cuatro días: vos, torpe y miserable, vendido á todos, volviéndose á todos los vientos... vos, por quien ha venido á Madrid ese hombre fatal.

—¿Qué hombre?

—Don Juan Téllez Girón.

—Pero yo no tengo la culpa; me le envió mi hermano Pedro...

—¿Y por qué no le admitísteis en vuestra casa?...