—¿Y podéis?
—Puedo.
—Os daré mi caudal.
—Yo no quiero vuestro oro.
—Pues ¿qué queréis? Vos queréis algo.
—Quiero vuestra conciencia.
—¡Mi conciencia!
—Sí, quiero que matéis á la persona que una persona que yo os diré, os nombre.
—¡Matar! yo no tengo valor para matar... yo no he matado á nadie.
—Habéis matado hace dos horas...