—¿Y qué hace falta?

—Tan activo ha andado el alcalde Ruy Pérez en este proceso y tan leal, que merece un premio.

—¡Ah, merece un premio! Pues dásele.

—Aquí está extendida ya la provisión para él, de oidor de la real audiencia de Méjico, con las costas del viaje, y sólo falta la firma de vuestra majestad.

El rey firmó la provisión, y la recogió el duque.

—Por aquí—dijo para sí Lerma, guardando la provisión del licenciado Sarmiento—, hemos salido de un testigo enojoso.

—¿Queda algo más que hacer?—dijo el rey, que en su marcada antipatía por los negocios deseaba verse libre.

—Sí, señor; yo creo que vuestra majestad debe aprovechar esta ocasión de complacer á su majestad la reina.

—¿Y cómo?

—Dándola este auto, que pone á cubierto de todo proceso al marido de su dama favorita.