—¡Es verdad! ¡es verdad! pues bien; toma, Margarita, toma; he mandado romper el proceso de don Juan Téllez Girón, y aquí está la orden de libertad.
El rey dió á Margarita de Austria el pliego cerrado que contenía el auto.
Pasó una alegría infinita por los ojos de la reina.
Rompió el sobre y leyó ávidamente la orden de soltura.
—¡En la torre de los Lujanes! ¡y allí está mi libertador preso, dudando, temiendo...!
—¡Tu libertador!—dijo el rey con asombro.
—¡Sí, mi generoso y valiente libertador!
—No te comprendo.
—¿Por qué he de callar más? Yo estaba resuelta á revelároslo todo, cuando no me quedase otro medio de salvar á ese caballero. ¿Por qué no he de ser franca y leal con vos, cuando está salvado?
—¡Qué! ¿tú me ocultabas algo, Margarita?