—Y á mí, padre, ¿qué me daréis á mí?—dijo la Inesilla.
—A ti, hija mía, te daré un hermoso ajuar, un buen dote y te casaré con Cristóbal.
—¡Ay, padre! y ¡qué bueno es vuesa merced!
—No lo cree así tu madre, que dice que se ha de vengar de mí.
—¡Bah! madre Luisa está irritadilla... pero eso se le pasará: ¿no es verdad, madre?
—¡Eh! ¡no!—dijo Luisa.
—¡Todo sea por Dios!—dijo Montiño—; voy á las cocinas, que ya es tiempo de que yo vuelva de nuevo á mi obligación; quiera Dios que cuando vuelva te encuentre de mejor humor, mujer.
Y Montiño salió y se trasladó á las cocinas.
—Señor Gómez Puente—dijo al oficial mayor, que adelantó cuchilla y tenedor en mano—, ¿qué hacéis?
—Salpimento unos lechones, señor Francisco—contestó el oficial mayor.