—Lo estará.
—El tío Manolillo os llevará á la casa donde habéis de guisar y servir esa merienda.
—¿Será necesario buscar vajilla?
—No, se llevará de casa. Pero es indispensable buscar otra cosa, para lo cual no dudo que necesitáreis mucho dinero.
—¿Qué cosa, señora?
—Un veneno que mate como un rayo.
Y al decir estas palabras Dorotea, se cubrió el rostro con las manos y rompio á llorar.
—¡Un veneno, señora!—exclamó aterrado el cocinero—; ¡un veneno! ¿y para qué le queréis?
—Buscad un veneno; cuando habéis venido aquí, ¿no habéis venido resuelto á obedecerme?
—Sí.