Quevedo no la dejó continuar.
—Vendrá la justicia, y se sabrá todo—dijo—, y os llevarán á la cárcel y... lo pasaréis mal... porque no sabéis de lo que se trata.
—¿Pues de qué se trata?
—¿Por qué nos han de llevar á la cárcel?—dijeron á un mismo tiempo los dos domésticos.
—Por encubridores.
—Nosotros no encubrimos nada—dijo Casilda.
—Yo no sé nada—añadió Pedro.
—Sabéis demasiado: peor para vosotros si no queréis declarar, porque todavía sería tiempo de impedir un gran crimen.
Quevedo, sin saberlo, decía la verdad.
Los criados de Dorotea se aterraron.