-¿Cuándo os vais?—le dijo Dorotea.

—Nunca—respondió el joven—; me quedo con vos.

—¡Conmigo! ¿sabéis si yo quiero que os quedéis?

—¡Oh, vos me amáis!

—Es cierto que os amo, que mi alma toda entera es vuestra.

—¿No más que el alma?

—No más.

—¿Es decir, que pretenderéis que apuremos una vida desesperada?

—¡Desesperada! ¿y por qué?

—Un deseo voraz que crecerá con el tiempo; un deseo contrariado; un volcán comprimido...