La condesa de Lemos á su don Francisco.
Dorotea y el bufón habían dejado de sufrir, porque los muertos no sufren.
Doña Ana seguía siendo la maestra de amor del príncipe de Asturias.
El padre Aliaga quedóse más desesperado que lo estaba cuatro días antes.
Unos personajes habían ganado.
Otros se habían quedado como estaban.
¡Pobre Francisco Martínez Montiño! Tú solo, parte paciente de esta historia; tú, pagador constante de pecados ajenos, tú solo fuiste la víctima superviviente á estas aventuras de cuatro días lluviosos.
Su locura se había determinado.
Perdió, por lo tanto, la cocina de su majestad, cuya pérdida no se le indemnizó sino con dejarle un mechinal donde vivía en palacio y una mezquina pensión nominal, porque no se le pagaba.
No le encerraron porque su locura era tranquila.