—Preso os he tenido dos años.

—No, más bien me he estado yo dos años preso.

—Mucho confiáis en vuestro ingenio.

—Yo más en el vuestro.

—Pero si yo no le tengo.

—Sí por cierto, tenéislo... para hacer lo que nos conviene.

—Ponderan mi lisura y mi paciencia...

—Pues se engañan. Ni sois liso ni agudo, y en cuanto á lo de paciencia...

—Téngola, puesto que me estáis desesperando, y...

—Os estoy leyendo.