—Y vos me estáis desesperando.
—Ya os he dicho que puedo ser vuestro amigo.
—Hablad.
El duque de Lerma se sentó y Quevedo volvió á sentarse también.
—Voy á desembozar algunas palabras que os están haciendo sombra, y á empezar por mí desembozándome. Nací contrahecho; vos me desembozásteis por los pies, ya os lo dije; ni eché memorial para venir al mundo, ni venido quejéme de los malos pies con que en él entraba; pero si Dios me dió piernas torcidas, dióme alma recta; si pies torpes, ingenio ágil; si cabeza grande, llenóla de grandes pensamientos; os estoy hablando completamente desembozado, y pienso desembozaros para con vos mismo, porque lleguéis á ver claro, que, vos como sois, y yo como Dios ha querido que sea, hemos nacido para ir por camino diferente; yo bien me sé á dónde vais á parar; yo pararé donde Dios sabe.
—Continuaré sacrificando mi vida á la grandeza de mi patria.
—Y como habéis nacido para que todo os salga al revés de como pensáis, acabaréis hundiéndoos con España en un abismo.
—¿Creéis, pues, que estoy engañado?...
—Si volvemos á las réplicas no acabaremos nunca.
—Continuad.