—Vos me estáis guardando un secreto.
—No es mío.
—De la reina.
—¡Ah! ¡no! ¡no!
—Escuchad, Juan: yo tengo una obligación mayor de la que creéis de mirar por vos, de guardaros...
—¡Vos!
—Sí, yo; es más: por vos he venido á Madrid; por vos necesito ver á vuestro tío.
—No os entiendo.
—Pues bien podéis entenderme. ¿No somos amigos?
—Sí, ciertamente.