EN QUE SE SABE QUIÉN ERA LA DAMA MISTERIOSA
Quevedo y Juan Montiño tardaron un largo espacio en llegar á palacio, no porque palacio estuviese lejos de la casa del duque de Lerma, sino porque para Quevedo eran largas todas las distancias.
Entrambos iban embebecidos en hondos pensamientos y no hablaron una sola palabra durante el camino.
Cuando vieron delante de sí la negra masa del alcázar, Quevedo dijo á Montiño:
—He aquí que hemos llegado, y que estamos en salvo. Procurad vos no poneros en peligro; ved que palacio es un laberinto en que se pierde el más listo.
—Aunque fuese el infierno entraría en él. Me lo manda mi honra.
—Pues si tan principal señora os manda, no insisto, amigo Juan, y os dejo, porque supongo que necesitaréis ir solo.
—De todo punto.
—Pues vóime á dormir; espéroos mañana en el Mentidero.
—¿Cómo en el Mentidero?