Montiño entró.
—Esperad aquí—repitió la dama.
Montiño se detuvo junto á la puerta.
La tapada adelantó rápidamente, atravesó la puerta por donde penetraba el reflejo de la luz, y luego Montiño oyó el ruido de dos llaves en dos puertas distintas.
Luego la dama se asomó á la segunda puerta, y dijo:
—Pasad, caballero.
Montiño pasó.
Y entonces, por la parte de afuera de la puerta, se oyó una voz ronca que dijo:
—¿Quién será ese hombre con quien ella se encierra? Yo no lo creyera á no verlo. ¡Las mujeres! ¡las mujeres!
Y luego se oyeron unos tardos pasos que se alejaban.