—Os repito que debéis ser muy hermosa.
—Mirad no os engañe vuestro deseo.
—Descubrid el rostro.
—Mostraros el rostro ahora sería comprometer acaso un secreto que no es mío.
—¡Cómo!
—Si pudiérais dar señas de la mujer á quien vais acompañando...
—Soy noble y honrado.
—No os conozco.
—Y sin embargo, os habéis amparado de mí.
—A la ventura, á la desesperada.