—El nombre, tío Manolillo, el nombre.

—Doña Clara Soldevilla.

—La hermosa, la hermosísima hija, digo, si en los dos años que no la veo no la han dado viruelas, la matadora de corazones, engendrada por el buen Ignacio Soldevilla. ¿Y dónde está su padre?

—En Nápoles con el duque de Osuna.

-¡Ah! ¡diablo! ¡diablo! paréceme que si los muchachos se quieren, podremos tener boda; pero maravíllame que doña Clara, que no le ha conocido hasta esta noche...

—Aquí debe de haber algo... y algo grave—dijo el tío Manolillo—, en lo que acaso yo no tenga poca parte.

—Explicáos por Dios, hermano.

—Explícome, y para explicarme pregunto: ¿dónde ha visto á don Juan Girón?...

—Juan Montiño, hermano, Juan Montiño.

—Bien, ¿dónde ha visto Juan Montiño á doña Clara?