Anduvieron algún espacio.
—Dadme la mano y cerrad la linterna.
—¿Hemos llegado?
—Estamos cerca.
—Fiant tenebræ—dijo Quevedo cerrando la linterna.
—Ahora venid; venid tras de mí en silencio y veréis y oiréis.
Zumbaba el viento, llovía, y el viento y la lluvia y la obscuridad de la noche protegían á los dos singulares expedicionarios.
¿Y qué es eso?
Marchaban entre un tejado y un almenar.