—Eso era antes un tabique.
—¿Y ocultaba algo bueno?
—Una escalera de caracol.
—¿Y á dónde va á parar esa escalera?
—A muchas partes, entre ellas á la cámara del rey y de la reina, y á las cuevas del alcázar.
—¿Y cómo dísteis con ese tesoro, hermano?
—Buscando un gato que se me había huído.
—Sois el diablo familiar del alcázar.
—Sigamos adelante, que luego volveremos por aquí.
—Sigamos, pues.