—Tomad.
—Estamos en los desvanes.
—Mi linterna me valga.
—Nos viene de molde, porque estos desvanes son endiablados.
—Fiat lux—dijo Quevedo abriendo la linterna.
Encontrábanse en un desván espacioso, pero interrumpido á cada paso por maderos desiguales. El bufón empezó á andar encorvado y cojeando por aquel laberinto.
De repente se detuvo y enseñó un boquerón á Quevedo.
—¿Y qué es eso?—dijo don Francisco.
—Esto es una providencia de Dios.
—Más claro.