—No; no, señor; pero el incógnito había tenido una disputa con un palafranero á propósito de su viejo caballo, había querido zurrarle, sobrevinieron el señor conde de Olivares y el señor duque de Uceda, y el desconocido se descargó diciendo que era sobrino del cocinero mayor de su majestad.

—¡Sobrino de Montiño!...—exclamó el duque—. ¿Y no habéis afirmado más la prueba del parentesco del reo con el cocinero mayor?

—Sí; sí, señor; como el reo había ido á las cocinas en busca del que llamaba su tío, fuí á las cocinas yo. Era ya tarde y solo encontré á un galopín que se llama Cosme Aldaba. Díjome que, en efecto, á principios de la noche había estado en las cocinas un hidalgo preguntando por su tío, y que le habían encaminado á casa de vuecencia, donde se encontraba el cocinero mayor.

—¿Volveríais á mi casa?

—Volví.

—¿Preguntaríais á la servidumbre?

—Pregunté.

—¿Y qué averiguásteis?

—Aquí está la declaración de un paje de vuecencia llamado Gonzalo Pereda, por la que consta, que el cocinero mayor del rey le mandó servir de cenar en la misma casa de vuecencia á un su sobrino, á quien llamó Juan Montiño.

—¿De modo que ese Juan Montiño y don Francisco de Quevedo y Villegas son amigos?—dijo el duque.