—Ninguna de las dos.

—¡Cómo! ¿Entonces para qué habéis estudiado?

—Por estudiar.

—Y bien, ¿qué queréis ser?

—Soldado.

—¡Soldado!

—Sí; sí, señor, soldado de la guardia española, junto á la persona del rey.

—He aquí, he aquí lo que son en general los españoles: quieren ser aquello para que no sirven.

—Perdonad, padre; al mismo tiempo que estudiaba letras, aprendía estocadas.

—Es verdad, me había olvidado; el que mata ó hiere á don Rodrigo Calderón... y bien; se hará lo posible porque seáis muy pronto capitán de la guardia española, al servicio inmediato de su majestad.