—Es que no quiero tanto.
—Es que no puede darse menos á un hombre como vos; contáos casi seguramente por capitán, y para que pueda enviaros la real cédula, dejadme noticia de vuestra posada.
—No sé todavía cual ésta sea.
—¡Ah! pues entonces, volved por acá dentro de tres días. Para que podáis verme á cualquier hora, decid cuando vengáis que os envía el rey.
—Muy bien, padre. Contad con mi agradecimiento—dijo Montiño levantándose.
—Esperad, esperad; tengo que deciros aún: guardad un profundo secreto acerca de todo lo que habéis sabido y hecho esta noche.
—Ya me lo había propuesto yo.
—No os ocultéis por temor á los resultados de vuestra aventura con don Rodrigo.
—Aún no sé lo que es miedo.
—Y preparáos á mayores aventuras.