—El hermano Pedro está alerta; ya habéis visto que no ha podido veros el portero, á pesar de que yo tengo siempre mi puerta franca.

—¿Y quién ha venido á visitaros á estas horas?—preguntó el señor Alonso.

La providencia de Dios, en la forma de un joven.

—¡Ah! ¡Diablo! ¿Nos ha sacado ese joven ó nos saca de alguno de nuestros atolladeros?

—Como que ha herido ó muerto á don Rodrigo Calderón...

—Mirad lo que decís, amigo mío; cuenta no soñéis.

—¿Qué es soñar? he aquí la prueba.

Y el padre Aliaga fué á la mesa en busca de la carta de la reina...

Entre tanto aprovechemos la ocasión, y describamos al nuevo personaje que hemos presentado en escena, que se había desenvuelto de la capa y despojado de su ancho sombrero.

Llamábase Alonso del Camino.