—¡Ah! en todo estáis.
—¿Podemos tener la provisión del rey dentro de tres días?
—Sí, sí por cierto, sobradamente: el duque de Lerma es un carro que en untándole plata vuela.
—No os olvidéis de comprarla para poder venderla.
—¡Ah! ¿Y por qué?
—¿No conocéis que tratándose de estos negocios puede el duque conocer á ese joven?
—Bien, muy bien; se comprará la provisión á nombre de cualquiera, como merced para que la venda, y éste tal la venderá en el mismo día á ese hidalgo. Creo que éste sea un asunto concluído.
—Que sin embargo altera notablemente nuestros proyectos, los varía.
—No importa, no importa; no luchamos sólo contra don Rodrigo Calderón.
—Os engañáis; el alma de Lerma es Calderón. Puesto Calderón fuera de combate, cae Lerma.