—Don Rodrigo lo es todo. Sólo tiene un rival... rival que con el tiempo le matará, si don Rodrigo no le mata antes á él.

—¿Y quién es ese rival?

—Don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, caballerizo mayor del rey y sobrino de don Baltasar de Zúñiga, ayo del príncipe don Felipe.

—¡Bah! ¡bah! creo que daremos con todos al traste; con los medios que tenemos...

—Podremos, si nos anticipamos, dar un golpe; pero aunque lo demos, siempre quedará un mal en pie.

—¿Y qué mal es ese?

—El rey.

—¡Ah!

—Sí, su debilidad: la facilidad con que se plega al dictamen del más audaz que tiene al lado; á falta de Lerma, y de Calderón, y de Olivares, vendrán otros, y otros, y otros.

—Que no serán malos como ellos.