—¿Quién sabe? pero vengamos á lo que conviene. Suspendamos por ahora nuestros trabajos...

—¡Ahora que nos dan un respiro, Dios ó el diablo!

—No seáis impío, señor Alonso; no sucede nada que no proceda de Dios. Por ahora, dejémoslos á ellos solos. Lerma sin don Rodrigo Calderón es hombre al agua. Uceda y Olivares le atacarán. Lerma, entregado á sí mismo, cometerá de seguro algún grave desacierto: dejadlos, dejadlos hacer. Informáos de lo que hay de seguro acerca de don Rodrigo Calderón. No olvidéis de comprar la compañía para ese mancebo, y con lo que hubiere venid á verme mañana. Conque, que Dios os dé muy buenas noches.

Y el padre Aliaga se levantó y abrió un balcón.

Aquella era la puerta por donde debía salir Alonso del Camino, y por la que salió descolgándose por el balcón á la huerta del convento.

Apenas había cerrado el balcón el padre Aliaga, cuando se abrió la puerta de la celda, y apareció la cabeza del hermano Pedro.

—Un gentilhombre que viene de palacio—dijo—, quiere hablar con vuestra paternidad.

—¡Un gentilhombre del rey!—dijo el padre Aliaga con sorpresa—; que entre, que entre al momento.

Poco después un joven gentilhombre saludaba al padre Aliaga y le decía entregándole un grueso pliego:

—Del rey.