—¿Y esto es urgente?—dijo el padre Aliaga.
—Urgentísimo.
—¿Y os han encargado algo además?
—Sí por cierto: que vuesa merced se venga conmigo á palacio, para lo cual he traído una litera y algunos tudescos—añadió el gentilhombre.
—¡Cómo! ¡que vaya yo ahora mismo á palacio! ¿pues que, está enfermo su majestad?
—No, señor.
—¡Ah! ¿y quién os envía?
—El mayordomo mayor; pero ese pliego dirá á vuestra paternidad, sin duda, lo que yo no le puedo decir.
—Veamos.
El confesor del rey rompió el sobre: dentro venía una carta del duque de Lerma para el padre Aliaga sumamente afectuosa.