—¡Inquisidor general! No sé si debo alegrarme ó entristecerme.
—Allá veremos. Entre tanto, y mientras yo estoy fuera del convento, quedáos á la mira.
—Descuidad.
—En vos confío.
—Id, id con Dios y nada temáis.
Salió de nuevo el padre Aliaga, atravesó el claustro seguido del gentilhombre, salió del convento, entró en una litera, y aquella litera rodeada de soldados, tomó el camino de palacio.
CAPÍTULO XVII
EN QUE EMPIEZA EL SEGUNDO ACTO DE NUESTRO DRAMA
Francisco Martínez Montiño, esto es, el cocinero de su majestad, nuestro protagonista, en una palabra, había vuelto de Navalcarnero al anochecer del día siguiente á la noche en que había ido á recibir un secreto de la boca de su hermano moribundo.
Montiño se había traído consigo un cofre fuertemente cerrado y sellado, sobre cuya cerradura había un papel.