Pudo haberse casado, porque todas las mujeres ricas se casan.
Pero se había enamorado de un hombre que estaba enamorado de otra tan rica como ella y además hermosa y señora de título, con la que se casó al cabo.
Doña Angela, no encontrando otro medio mejor para desahogar su cólera, se metió en las Descalzas Reales.
Duróle la rabia un año, y tuvo tiempo de profesar.
No sabemos si después de haber profesado se la pasó el despecho, y se arrepintió de haberse apartado de un mundo, para encerrarse en otro.
Ella no lo dijo á nadie.
Al profesar, por una antítesis violenta con su carácter, tomó el nombre de María de la Misericordia.
Desde que fué monja, empezó á conspirar por su cuenta y á sostener sus conspiraciones con su dinero.
A los seis años de su profesión, sor Misericordia se llamaba la madre abadesa.
Su competidora vencida enfermó de rabia, y murió desesperada bajo la presión de su vencedora.