—¿Os habéis propuesto mortificarme?
—No quisiera. Pero volvamos á nuestra conspiración. ¿Quién es el confesor de nuestra prima?
—Esperad; no sé por qué se me ocurrió preguntar eso mismo á la tornera, y me dijo que un fraile grave de San Francisco... fray José de la Visitación.
—¿Aquel que se atrevió á decirnos un día que el infierno era negro como vuestros ojos, y que vuestros ojos quemaban sin llama como el infierno? Pues si es ese santo varón, ya sé contra quién tenemos que conspirar.
—¿Contra quién?
—Contra el conde de Olivares.
—¡Ah! el pobre conde nos va á servir de mucho.
—Pienso valerme de él para otras muchas cosas.
—¡Ah! ya no tenemos tiempo de prevenirnos. Me parece que oigo la voz de mi prima.
—¡Oh! pues dejadme hacer, fingíos muy turbada.