—Es virtuosa...
—Con la virtud de las feas.
—¡Pero Dios mío, vos no perdonáis á nadie!
—A nadie sentencio que él mismo no se haya ya sentenciado.
—Y ya que decís que estamos en un atolladero, ¿cómo os parece que podamos salir de él?
—Conspirando.
—¿Pero contra quién?
—¿Contra quién?... contra cualquiera... la abadesa, á trueque de conspirar, creerá todo lo que queramos que crea. ¿Quién es el confesor de nuestra noble prima?...
—¿De nuestra prima?...
—He dicho de nuestra prima, porque hasta cierto punto vuestros parientes son mis parientes.