—¿De qué atolladero?
—De haberos metido vos aquí, y de haberme metido yo tras vos.
—Con que vos os vayáis hemos salido del paso.
—Os engañáis, porque ya me han visto.
—¿Y por qué habéis dado lugar á que os vean?
—Se me os escapábais.
—No creo que puedan suponer...
—Las monjas no suponen nada bueno...
—Pero mi prima sabe...
—Que sois hermosa; lo que basta para que os mire mal.