—¡Pasos peligrosos!...

—¡Quien os haya visto acompañada por Quevedo... por ese hombre de tan mala fama!

—Pero es que nadie me ha visto ni ha podido verme.

—Tanto os han visto, que ya lo sabe vuestro padre.

—¿Y qué es lo que sabe?

—Leed, prima.

Y la abadesa puso en el torno que tienen todos los locutorios la carta que acababa de recibir, y dió la vuelta al torno.

La de Lemos tomó la carta y leyó.

Era de su padre.

En ella decía á la abadesa que habían visto meterse en el convento y en uno de los locutorios á su hija, y tras ella á Quevedo. Que procurase comprender lo que pudiese haber en aquello, y que le avisase.