—¿Y qué debo hacer?

Quevedo, que había aprovechado aquella ocasión y había sido cruel con Montiño solamente por apartar un peligro de la reina, contestó:

—¿Qué debéis hacer? separaros de Luisa.

—Decís bien.

—No os faltarán mujeres.

—Decís bien.

Pero de repente, en una reacción del sentimiento, exclamó:

—¡Y lo que nazca!

—Podéis contar que no es vuestro.

—La separaré de mí.