—Haréis bien.

—La enviaré á Navalcarnero.

—Haréis mal; es demasiado cerca, enviadla á su país.

—¿A Asturias?

—Eso es.

—No hablemos más de esto.

—Hablemos de lo otro. ¿Qué os ha dicho la madre abadesa?

—¡Oh! ¡oh! me ha preguntado quién es la dama á quien ama en palacio mi sobrino.

—¿Y vos qué le habéis dicho?

—Yo... nada.